Pregunta
¿La ciudad nueva se está construyendo cerca de la vida cotidiana?
Medimos lo mismo en tres ciudades: dónde cae la construcción nueva respecto de la cercanía a los servicios de todos los días. Los datos son distintos en cada caso (censos y directorio de negocios en Cancún, catastro en Bogotá, permisos de construcción en Montevideo), pero la pregunta es la misma y las respuestas no se parecen.
Cancún: la ciudad consolidada se vacía y el crecimiento se va al borde
Entre 2010 y 2020, las manzanas que ya existían pasaron de 589,486 a 583,910 habitantes: todo el crecimiento ocurrió en manzanas nuevas. Esas manzanas nuevas, donde viven 317 mil personas, llegan en 45 minutos de camión a lugares con el 14% del empleo de la ciudad; las que crecieron dentro de la ciudad existente, al 31%. Mientras tanto, 8,400 viviendas deshabitadas están en lugares bien servidos.
Bogotá: crece hacia adentro, pero lejos de lo público
En Bogotá el 83% de los m² construidos entre 2016 y 2026 se levantó sobre manzanas ya construidas: no es una ciudad que se expanda sobre el campo. Pero lo nuevo cae desproporcionadamente donde la vida diaria queda lejos: el quintil con menos proximidad recibió el 24.3% de la construcción nueva con el 14.7% de la población, el doble de m² nuevos por persona que el quintil con más proximidad. Y ahí se construye en altura: entre la mitad y tres quintas partes de esos m² están en edificios de 6 pisos o más.
Montevideo: construye donde ya hay ciudad
En Montevideo ocurre lo contrario. Desde 2013, el quintil con más proximidad recibió 9.3 m² de obra nueva por persona y los dos con menos, entre 2.2 y 3.5. Sólo el 21% de la vivienda nueva está en esos dos quintiles, donde vive el 40% de las personas. La construcción formal se concentra en la costa y el centro; la periferia oeste y norte casi no la recibe.
Lo que tienen en común
En Cancún y en Bogotá, donde medimos la norma, ésta no orienta el patrón. En Cancún sólo el 18% de la población vive donde coinciden mucha intensidad permitida y mucha proximidad, menos que si la norma se hubiera repartido al azar (20%). En Bogotá, los m² que el POT permite y todavía no se construyen se reparten casi igual entre quintiles de proximidad (22.1% en el de menos y 18.7% en el de más). Lo que se construye no sigue a la proximidad, y la norma no lo corrige.
El caso de Montevideo tampoco es una solución completa: concentrar la obra en la ciudad bien servida deja a la periferia sin construcción formal y sin los servicios que vendrían con ella. Las tres ciudades muestran el mismo vacío: no hay un instrumento que ligue dónde se construye con dónde está, o dónde debería estar, la vida cotidiana.